Vamos unos 30 años atrás para no ir tan lejos. 

Me pregunto, de las personas que murieron por enfermedad en ese entonces, ¿sabrían de que murieron?

Es que creo que ninguna otra generación estuvo tan diagnosticada como nosotros. 

Es como si nosotros tuviéramos una infinita necesidad de ponerle nombre a lo que sentimos y vivimos, para luego vivir con ese nombre de esa enfermedad que se convertiría en excusa la mayoría de veces. 

Colon irritable, disautonomía, hipoglucemia, resistencia a la insulina, intolerancia a la lactosa, intolerancia al gluten, apnea del sueño y otras. 

Estos son algunos de los diagnósticos que más se repiten en consulta o que más escucho en conversaciones ajenas y estoy segura de que tú también conoces al menos a una persona cercana con alguno de estos diagnósticos.

El tema no es como tal el nombre de la enfermedad. El tema es que las personas aprenden a vivir con ese diagnóstico, reciban o no tratamiento, es como si lo llevaran en su bolso siempre. 

Ahora, para realizar un diagnóstico de estos se necesitan pruebas médicas, es decir, que el paciente tenga varios síntomas asociados a la enfermedad, síntomas que no solo pasan una vez, sino que tienen una periodicidad o que se repiten con frecuencia y para ya declarar el diagnóstico como tal, se necesitan además, examenes en sangre. 

Pongamos un ejemplo:

Paciente femenina de 32 años de edad, contadora, mamá de dos (5 y 3 años), que consulta por mareos frecuentes, dolores de cabeza, somnolencia y fatiga crónica.

Como antecedentes familiares refiere hipercolesterolemia por parte del padre e hipertensión por parte de su madre. Niega antecedentes personales. 

La paciente al momento de la consulta tiene un IMC (índice de masa corporal) de 29.5, clasificándose en sobrepeso en límite superior. Refiere que adicional presenta periodos menstruales irregulares y que se le ha dificultado toda la vida perder peso. 

Diagnóstico: resistencia a la insulina. 

Tratamiento: evitar azúcares añadidos y carbohidratos. 

Esa mujer regresa a casa, a su trabajo, a su rutina con el nombre de sus síntomas: resistencia a la insulina. Sin exámenes de sangre. 

Ahora esta mujer tiene una excusa para su sobrepeso y por eso escuchamos a la gente diciendo “es que yo no bajo de pero porque tengo resistencia a la insulina”. 

El problema no son los médicos. 

El problema es el sistema de salud que sigue enfocado en la cura no en la prevención y tal vez en el sistema total, que nos pide tanto tiempo de trabajo, al que dedicamos 12 años de colegio en el que no nos hablaron de estilos de vida ni de finanzas. 

Otro de los problemas es que estos diagnósticos están estrechamente relacionados con el nivel de estrés y la ansiedad porque como muchas veces lo he escuchado: “la enfermedad es la palabra del alma”. 

Si eres una persona que actualmente está diagnosticado con alguna de estas enfermedades sin haberse realizado pruebas clínicas o examenes de sangre, lo primero que recomiendo es evaluar bien los síntomas en conjunto con examenes que comprueben el diagnóstico, o si eres una persona que está diagnosticado con algunas de estas enfermedades y tu diagnóstico fue con múltiples exámenes y después de agotar otros recursos para calmar los síntomas, debes en tener en cuenta que son enfermedades que pueden controlarse con hábitos que hagan parte de un estilo de vida saludable renunciando a un nombre para unos síntomas que se vuelve canasto de excusas. 

Pero siento muy honesta desde mi punto profesional pero humano, se pueden resolver aún más rápido con terapia sea psicológica o cualquier terapia que impida callar tu alma para que tu cuerpo hable. 

Con cariño…

Xime.

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